Los templarios: más allá de la leyenda
Más allá de leyendas e informaciones falsas, los documentos nos desvelan una historia apasionante sobre los templarios.
Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net
Club de estudios Templarios Sigillum Templi
Estas líneas quieren ofrecer una ágil presentación del proceso al que fueron sometidos los templarios en los primeros años del siglo XIV, proceso que culminó con la supresión de la Orden en una página dramática de la historia de la Iglesia. A través de los datos analizados quedan al descubierto mecanismos profundos del mal que destruyen corazones y que llevan a injusticias sin nombre, pero que no son capaces de aniquilar la bondad y el heroísmo de quienes son capaces de dar su vida por la verdad y la justicia.
A. La Orden del Temple
1. Los templarios surgieron a inicios del siglo XII, tras la conquista de numerosos lugares de Tierra Santa y de Jerusalén por parte de la I cruzada (1095-1099). Los cruzados organizaron un reino propio, en el que Balduino I fue declarado rey de Jerusalén (1100-1118). Con el nuevo rey, muchos cruzados decidieron quedarse en las zonas conquistadas para evitar que los sarracenos las conquistasen de nuevo.
Entre quienes se ofrecieron a permanecer en la zona, encontramos a Hugo (Hugues) de Payens, un caballero que deseaba unir en su vida dos ideales: los de la caballería y los de la vida monástica. Con 8 compañeros fundó en 1118 ó 1120, en la ciudad de Jerusalén, una Orden militar de caballeros (poco antes había sido fundada la primera, la Orden de San Juan de Jerusalén u hospitalarios).
Parece que se autodenominaron “pobres caballeros del Cristo”, aunque también fueron conocidos con otros nombres: “Christi milites” (soldados de Cristo), “Milites Templi” (soldados del Templo, o del “Temple”, como todavía hoy se les conoce).
Los templarios emitían, además de los tres votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, un voto especial de defender y escoltar a los peregrinos y viajeros que se trasladaban en Tierra Santa. Les fue dado, como lugar de residencia, una parte del edificio que ocupaba el segundo rey de Jerusalén, Balduino II (1118-1131) que, según se creía, estaba situado donde había sido levantado el templo del rey Salomón.
2. La Orden de los templarios tuvo como insigne amigo y promotor a san Bernardo de Claraval, por cuyo influjo adoptó una regla similar a la benedictina. Consiguió pronto el reconocimiento pontificio por parte del Papa Inocencio II, con la bula “Omne datum optimum” del año 1139: desde ese momento los templarios dependían únicamente del Papa.

