martes, 18 de abril de 2017

LA PENA MÁS ALLA DE LA PENA



Cada vez que iba a la pequeña y encantadora ciudad situada en la falda de la montaña que abriga al monasterio, no perdía la oportunidad de visitar a Lorenzo el elegante zapatero, amante de los libros y de los vinos. Remendar cuero era su oficio; coser ideas, su arte. No siempre lo encontraba pues su taller funcionaba en horarios aleatorios. En aquel día, ya al final de la tarde, me alegré al ver su antigua bicicleta recostada en el poste al frente del taller. Buena señal. El buen amigo me pidió que lo esperara un poco mientras terminaba un trabajo y, en seguida, nos dirigimos a una silenciosa taberna en busca de buena prosa y una copa de vino. Pidió un pedazo de queso de marca famosa para acompañar el vino al mesero que nos atendió. De inmediato repliqué al recordar que el dueño de aquella conocida empresa de productos lácteos había sido condenado por un crimen gravísimo. Le dije que no me sentía a gusto en comer aquella marca de queso y le sugerí que pidiésemos otra cosa. Intrigado el artesano preguntó: “¿Comer del queso te hará cómplice del crimen”? Respondí que no iría a confabular con actitudes ultrajantes y añadí que actuaba de acuerdo con mi consciencia. Él me miró con bondad antes de decir: “Sí, debemos actuar siempre en sintonía con nuestras mejores razones. No es bueno cuando esto no sucede. Sin embargo, permitir la expansión de la consciencia más allá de los condicionamientos sociales y culturales, será siempre un ejercicio de transformación y ligereza. No obstante, la pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué sentimiento me mueve? Ya que definimos quienes somos de acuerdo con nuestras elecciones”.

sábado, 25 de marzo de 2017

La Vida Exige ligereza...

Resultado de imagen para ligereza de la vida


“Cuanto menos necesito más libre soy. La libertad trae consigo la ligereza de espíritu”, me dijo un anciano y sabio chamán , sentado alrededor de una fogata una noche en la víspera de Pothlach. Canción Estrellada (era su nombre) -como fue conocido después que descubrió su don de iluminar el camino a las personas de su clan a través de la palabra, cantada o no, como una linterna de proa que muestra las olas que se acercan- me explicaba con paciencia la ceremonia del día siguiente, donde cada uno donaría un objeto de su estimación.
El desapego de los bienes materiales es un buen ejercicio para renovar ideas y conceptos que, a veces, al estar obsoletos, interfieren en nuestra jornada. La simbología del ritual consiste en que cada uno vea y entienda la necesidad de renovarse emocional, intelectual y espiritualmente. Al renunciar a algo que estamos apegados, aprendemos a transformar sentimientos y pensamientos que, al guardarlos inutilmente, se vuelven pesados e interfieren en nuestro caminar. Entendemos que todo puede ser diferente. La vida exige ligereza.
Para seguir adelante en el infinito y fantástico sendero de la vida tenemos que entender su flujo para que nunca se interrumpa, o nos volveremos amargados al percibir que los demás siguen el viaje mientras estamos atados al entretejido de cosas innecesarias.
“Ofrecer un objeto que no sea realmente valioso es manchar la propia dignidad, defraudar el ritual y a la vida. Es como fingir un sentimiento. Se puede engañar a un hermano, pero jamás engañamos al Universo, que como respuesta nos niega el permiso para proseguir hasta que el error sea reparado. Vivir es aprender, transformar, compartir y seguir. Compartir lo mejor de sí es la única forma de prepararse para las nuevas riquezas que la vida tiene para brindarnos”.
Estimular en sí mismo el deshacerse de un objeto valioso es preparar la transformación de la visión. Alinear los deseos primarios del ego con las necesidades sutiles del alma exige desapego y coraje, sabiduría y amor. Es pura luz.