Templarios,los caballeros de Cristo
(Club Sigillum Templi)
2ª parte
El Priorato de Sión
Los nombres de Leonardo da Vinci y Jean Cocteau figuran en la lista de
Grandes Maestres de la que pretende ser una de las sociedades secretas
más antiguas y más influyentes de Europa, el Prieuré de Sion o Priorato
de Sión. Muy controvertida, su misma existencia ha sido puesta en duda
algunas veces; en consecuencia han sido ridiculizadas sus supuestas
actividades y su repercusión, ignorada. Al principio nosotros también
participábamos de este tipo de reacción, pero cuando proseguimos
nuestras investigaciones vimos que desde luego la cuestión no era tan
sencilla.
En el mundo de habla inglesa el Priorato de
Sión llamó por primera vez la atención no antes de 1982, cuando su
existencia fue dada a conocer por el muy vendido libro La Sangre Sagrada
y el Santo Grial (título original traducido al español como El Enigma
Sagrado), de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln; en el país
de origen, Francia, la opinión pública empezó a saber algo desde
comienzos de los años sesenta. Se trata de una orden simili-masónica o
de caballería con ciertas ambiciones políticas y, a lo que parece, con
una influencia considerable entre bambalinas. Dicho esto, es
considerablemente difícil formular una opinión definida acerca del
Priorato, quizá porque toda la institución tiene en sí cierto carácter
quimérico. Sin embargo, no tenía nada de ilusorio la información que nos
facilitó un portavoz del Priorato a quien conocimos hacia comienzos de
1991 en una reunión resultante de una serie de cartas bastante extrañas
que nos enviaron después de una tertulia radiofónica sobre el Sudario de
Turín.
La influencia reservada del Priorato de Sión se
debe al menos en parte a la sugerencia de que sus miembros son y han
sido siempre los custodios de un secreto tan trascendental, que si
alguna vez llegase a hacerse público sacudiría los mismos cimientos de
la Iglesia y del Estado. El Priorato de Sión, llamado a veces la Orden
de Sión o la Orden de Nuestra Señora de Sión, entre otros títulos
secundarios, retrotrae su fundación al año 1099, durante la primera
Cruzada, e incluso entonces sólo fue cuestión de formalizar un grupo
cuya guarda de un conocimiento explosivo databa de mucho antes.
El Priorato y los templarios llegaron a ser, dicen, prácticamente la
misma organización, presidida por un mismo gran maestre, hasta que
sufrieron un cisma y emprendieron caminos separados en 1188. El Priorato
continuó bajo el caudillaje de una serie de grandes maestres entre los
que figuraron algunos de los nombres más ilustres de la Historia, como
sir Isaac Newton, Boticelli, Robert Fludd, el filósofo ocultista
inglés... y, naturalmente, Leonardo da Vinci, de quien se dice que
presidió el Priorato durante los últimos nueve años de su vida. Entre
sus líderes más recientes se cita a Victor Hugo, Claude Debussy, y al
pintor, escritor, comediógrafo y cineasta Jean Cocteau. Y aunque no
fuesen Grandes Maestres, el Priorato cuenta entre sus seguidores a otras
luminarias de todas las épocas, como Juana de Arco, Nostradamus e
incluso el papa Juan XXIII.
Aparte de dichas
celebridades, la historia del Priorato de Sión comprende supuestamente a
varias de las principales familias reales y aristocráticas de Europa,
durante muchas generaciones. Citemos los d’Anjou, los Habsburgo, los
Sinclair y los Montgomery. La finalidad declarada del Priorato consiste
en proteger a los descendientes de la antigua dinastía real de los
merovingios, que reinaron en lo que hoy es Francia desde el siglo V
hasta el asesinato de Dagoberto II, a finales del siglo VII.
Tenemos, pues, a un lado las pretensiones del propio Priorato en cuanto
a su pedigrí y raison d’etre, al otro las afirmaciones de sus
detractores. Enfrentados a este abismo aparentemente insalvable, hay que
confesar que albergábamos grandes dudas en cuanto a proseguir la
investigación por esa línea. En cualquier caso, nos dábamos cuenta de
que si bien toda valoración acerca del Priorato se descomponía
lógicamente en dos partes –la cuestión de su existencia en tiempos
recientes y la de sus pretensiones históricas–, el asunto era complicado
y nada de lo relacionado con esa organización aparece nunca con
claridad. A los escépticos, la primera vinculación dudosa o
contradicción aparente los lleva a denunciar todo el cotarro como un
absurdo flagrante de principio a fin. Pero convendría recordar que nos
las tenemos con unos fabricantes de mitos, a los que con frecuencia
importa más transmitir ideas poderosas e incluso escandalosas por medio
de imágenes arquetípicas, que comunicar la verdad escueta.